La entrevista es la herramienta más antigua
con que se cuenta en la selección de personal y tratándose
de organizaciones chicas o de la contratación de obreros,
es también a veces el único medio que se utiliza para conocer
y evaluar a los postulantes a un puesto.
Precisamente por tratarse de un instrumento
de muy antigua data, su historia registra también la evolución
operada en el campo de las disciplinas que se ocupan del
hombre, que contienen en sus orígenes una carga muy fuerte
de intuición, tradición y magia, y van asentándose paulatinamente
sobre bases científicas.
El estudio científico de la entrevista
ha hecho posible que se la convirtiera progresivamente en
un instrumento de observación que se aplica en condiciones
cada vez mejor controladas, es decir cada vez con menos
interferencias de variables que vienen dadas por la personalidad
del entrevistador. Esto, como es obvio, ha otorgado mucha
más operatividad al instrumento.
Abordaremos la entrevista de empleo con
relación a cada uno de los problemas que nos plantea.
- Objetivo.
- Información necesaria.
- Formación y selección del entrevistador.
- Técnica de la entrevista.
- Observaciones que pueden realizarse.
- Validez y confiabilidad.
- Lugar.
- Relación con otros medios de selección.
1. Objetivo
La entrevista no es una charla ni un imprevisto
encuentro social de dos individuos sino que tiene un propósito
específico, la evaluación del entrevistador con relación
a uno o más puestos que se ofrecen en la organización. En
toda interacción entre personas ocurre un proceso de influencia
mutua, se emiten palabras y se realizan gestos o se guarda
silencio, pero en la entrevista de empleo cada uno de estos
elementos debe ser analizado por el entrevistador de modo
tal que al terminar la entrevista él pueda producir una
opinión o dictamen sobre el entrevistado. Este objetivo
particular de la entrevista de empleo la diferencia no sólo
de los contactos sociales casuales sino también de otros
profesionales, como por ejemplo la entrevista de consejo,
de orientación vocacional o la entrevista de investigación
utilizadas en las encuestas motivacionales.
Otro objetivo menos evidente, aunque no menos importante,
de la entrevista de empleo es suministrar información
al entrevistado sobre la organización y el puesto o puestos
que ésta ofrece. En selección son dos los que eligen,
la organización y el hombre y en momentos en que se está
frente a un mercado de trabajo poco fluido o crítico,
es frecuente que el postulante decida no entrar a una
determinada organización. Es lamentable que, a veces,
esta decisión se tome por la mala impresión que causan
algunos entrevistadores, que no poseen la información
necesaria sobre las vacantes que deben cubrir o, lo que
es peor, no sienten que es su obligación suministrar este
tipo de información. En la instancia de entrevista se
busca información pero también se la debe dar, por respeto
intelectual y moral hacia el entrevistado.
La adecuada información al entrevistado
opera también como elemento motivador. La probable proyección
de un puesto, las posibilidades de capacitación, los beneficios
sociales, etc. deben ser puestos en conocimiento de los
entrevistados, sobre todo de aquellos que parecen más adecuados
para cubrir los puestos vacantes en la organización.
2. Información
Necesaria
Si el objetivo de la entrevista es producir
la evaluación de una persona en función de los requerimientos
de un puesto determinado, se nos presenta como problemática
esencial para asegurar el éxito del proceso, el conocimiento
previo de las características y demandas del puesto. En
definitiva se trata de saber antes que nada, qué buscamos.
Esta información le será suministrada al entrevistador idealmente
a través del análisis de trabajo y de las especificaciones
de cada puesto, cuando la organización posee las respectivas
descripciones de tareas. Muchas veces el entrevistador debe
manejarse sin estos programas formales y deberá él construir
aquella información acudiendo directamente al testimonio
del supervisor que solicita se cubra la vacante. Sin embargo
debemos señalar que, aunque se cuente con un buen manual
de funciones o descripciones de tareas, el contacto con
el superior es indispensable, pues éste nos está dando una
variable importantísima que no figura en la descripción:
su propia expectativa de cómo debe ser el nuevo hombre y
los aspectos más críticos del trabajo en ese momento. Es
muy posible que si el entrevistador pertenece a la empresa
tenga ya este conocimiento previo, lo que no ocurre cuando
el entrevistador actúa como consultor y es ajeno a aquella.
Además de la información que recabe del supervisor, será
muy útil también que el entrevistador conozca el lugar de
trabajo y las condiciones ambientales, los equipos utilizados,
los riesgos implícitos, las características del grupo donde
el nuevo hombre va a ser incluido y las presione a que puede
verse sometido en razón del flujo de trabajo o el tipo de
decisiones que deban tomarse.
Todos estos elementos constituyen el marco
técnico y psico-sociológico donde el entrevistador encuadrará
su función de evaluar. No buscará el hombre más inteligente
ni el más brillante, sino aquél mejor adaptado a la situación
de realidad que es el puesto a cubrir, lo cual implica optimizar
un complejo sistema de variables de naturaleza diversa.
3. Formación y
Selección del Entrevistador
Al concebir la entrevista como un contacto
profesional queremos también implicar que se trata de una
técnica cuya aplicación requiere un tipo de conocimiento
especializado y que existen ciertas pautas contra las cuales
se puede juzgar la calidad de esa aplicación. No basta gustar
de la gente o tener facilidad para entablar contactos interpersonales
para ser un buen entrevistador. Dado que la entrevista de
empleo implica la primera y a veces la única evaluación
de la personalidad del entrevistado, el entrevistador debe
tener una formación psicológica adecuada. Con ello no queremos
implicar que únicamente los profesionales en psicología
pueden realizar buenas entrevistas, sino que un entrevistador
debe conocer la organización y dinámica de la personalidad,
los síntomas más comunes de desajustes y la forma de reconocer
las tendencias anormales. La situación de entrevista implica
una prueba o muestra de conducta del entrevistado. Cuando
es abordada por un entrevistador capacitado se convierte
en una instancia muy rica para extraer conclusiones.
La falta de capacitación adecuada se substituye
habitualmente por intuición y experiencia a través de situaciones
repetidas, elementos a los que no quitamos valor pero que,
por sí solos, no son suficientes para realizar un buen trabajo.
La entrevista comunica dos personalidades
y como en toda interacción humana, se producen dos fenómenos
que resulta particularmente útil analizar, pues siendo el
entrevistador uno de sus protagonistas, deberá prepararse
adecuadamente para no ser objeto pasivo de la situación.
Se da por un lado la transferencia, instancia en la cual
emergen y se actualizan en la entrevista las partes inconscientes
de la personalidad del entrevistado. En la transferencia
el entrevistado asigna roles al entrevistador y actúa
en función de estos roles, es decir repitiendo modos de
relación que vienen de su estructura básica. Según los
roles que inconscientemente asigne al entrevistador, puede
establecer con él una relación de dependencia, puede agredirlo
con su actitud aún sin quererlo, etc. este fenómeno, en
cuanto implica el modo de relación básico del entrevistado,
permite prever su posible adaptación a puestos que requieran
manejo de personas con una frecuente interacción personal.
En la contra-transferencia se da la respuesta
del entrevistador al estímulo representado por la personalidad
del entrevistado. Quiéralo o no, el entrevistador sentirá
identificación o rechazo por el entrevistado, simpatía,
deseos de ayudarlo, etc. El manejo de la contra-transferencia
no es fácil y es aquí donde corren riesgos de error los
entrevistadores no bien capacitados. Cuando el entrevistador
tiene una buena preparación psicológica aceptará la contra-transferencia
como un fenómeno natural en la relación entrevistador-entrevistado,
pero no se dejará arrastrar por los sentimientos que experimente
por éste, ni durante el diálogo ni al producir su evaluación.
El entrevistador, en cambio es probable que asuma los roles
proyectados por el entrevistado y entre en discusiones o
le dé consejos y luego produzca un informe carente de objetividad.
a) Capacidad de empatía. Esto significa
capacidad para entablar una comunicación fluida, a través
de una actitud sensible y receptiva hacia el otro. Es una
condición que se da en diversos grados entre las personas
y que puede ser desarrollada en la medida en que el entrevistador
va cobrando conciencia de que su actitud condiciona también
el comportamiento del entrevistado y su voluntad para colaborar
en la situación. Sin quitarle chances que la actitud empática
debe estar básicamente en la humildad del entrevistador
y nacer, sobre todas las cosas, de su respeto moral e intelectual
hacia el entrevistado. De otra manera difícilmente se logrará
el clima de confianza necesario.
b) Objetividad. Implica por un lado
un buen ajuste a la realidad por parte del entrevistador
que le permita percibir los elementos tal como ellos son.
Implica también un buen ajuste emocional, lo que le permitirá
evaluar la información que recibe en forma objetiva sin
mezclar los contenidos emocionales propios y sin dejarse
arrastrar por los del entrevistado.
c) Tolerancia a la frustración.
Las entrevistas de empleo significan exponerse a las necesidades
de personas, que a veces se presentan de manera angustiosa.
Significa también tomar contacto con gente que necesita
muchas veces no sólo trabajo sino ayuda en muchos otros
sentidos. Pero es poco lo que el entrevistador puede hacer
por "ayudar" ya que su función es "evaluar".
La tarea de entrevistar continuamente tiene
un alto costo psicológico cuando se trata de entrevistas
de empleo y no podría hacerse durante mucho tiempo si el
entrevistador no tuviera una buena resistencia a la frustración
que se deriva de las situaciones de su trabajo.
4. Técnicas de
la Entrevista.
Resulta difícil abordar el tema de la técnica
de la entrevista de empleo sin ajustarla totalmente a la
etapa del proceso de selección en que la misma se utiliza,
al tipo de puesto que se debe cubrir y a las características
predominantes de la personalidad del entrevistado. En efecto,
puede tratarse de una entrevista preliminar con un candidato
respecto del cual no tenemos ninguna información, o bien
tratarse de una persona que ya haya pasado otras instancias
como ser evaluaciones técnicas relativas a sus conocimientos
del trabajo y respecto de la cual tenemos detalle de su
historia laboral, estudios, intereses, etc. En este caso,
vamos a encontrar maneras de abordar la entrevista preliminar
teniendo en cuenta la información previa acumulada sobre
el sujeto. Puede también tratarse de una entrevista ubicada
en una etapa más avanzada del proceso de selección en el
que ya se ha pasado incluso por la instancia de las pruebas
psicológicas y la entrevista sea utilizada entonces para
aclarar aspectos que han quedado dudosos, o para integrar
todas las pautas recogidas en el proceso y tomar una decisión
final.
Otra diferencia en la situación es impuesta
por la importancia del puesto a cubrir. Si se está entrevistando
candidatos para una posición muy alta en la organización,
la trascendencia que la incorporación tendrá sobre el destino
de las mismas impondrá un marco de entrevista distinto al
que se utiliza cuando debe incorporarse personal auxiliar
o no especializado.
La personalidad del entrevistado también
incide sobre el rumbo que ha de tomar la entrevista, ya
que hay personas que hablan espontáneamente y suministran
gran cantidad de información, mientras que otras necesitan
ser estimuladas.
La relación interpersonal entrevistador-entrevistado
constituye un campo de donde surgirán los elementos que
permitirán al entrevistador, finalmente, producir su evaluación.
Este campo en cierta medida, está controlado por el entrevistador
en el sentido de que hay un objetivo que funciona como encuadre
de la situación interpersonal y una cantidad de preguntas
que él puede hacer para satisfacer mejor sus objetivos.
Pero aunque controlado por el entrevistador, el campo de
la entrevista debe configurarse fundamentalmente por las
variables que pertenecen a la personalidad del entrevistado.
La entrevista es una prueba de conducta
y para que funcione plenamente como tal es necesario que
el entrevistador permita que emerjan libremente en su transcurso
los elementos característicos de la personalidad del entrevistado.
Así el entrevistado puede asumir una actitud de dependencia,
de dominio, de desconfianza, de colaboración, de omnipotencia,
etc. respecto del entrevistador y todos estos elementos
que pertenecen a la estructura de su personalidad se ven
mejor cuando se permite que el campo de la entrevista sea
configurado por el entrevistado. En este sentido las entrevistas
dirigidas o cerradas en las que el entrevistador asume totalmente
la iniciativa y que mucho se parecen a los cuestionarios,
son más pobre que las entrevistas libres, abiertas o con
poca estructuración.
Normalmente, el tipo de entrevista es determinado
por el puesto que se debe cubrir, apareciendo como muy indicadas
las entrevistas abiertas cuando debe proveerse cargos medios
o altos en la organización.
No obstante, pueden hacerse algunas generalizaciones
válidas en casi todas las situaciones y que constituyen
lugares comunes para un entrevistador bien capacitado, como
ser no formular sobre elementos objetivos que ya vienen
dados en la carta o solicitud de empleo, como edad, estado
civil, documentos, etc. El tiempo de la entrevista debe
ser utilizado para obtener información relativa a las aptitudes
y características de la personalidad del entrevistado y
debe indagarse, por lo tanto, en aquellos aspectos que no
aparecen ostensibles en la información previa del sujeto.
Otra recomendación que frecuentemente se hace, es no
formular preguntas que contengan en sí misma la respuesta
esperada por el entrevistador. No entrar en discusión
con el entrevistado, formular preguntas claras, etc. Sin
embargo, más valioso que hacer una lista prescribiendo
comportamientos del entrevistador, nos parece recordar
que todo el proceso de selección es un proceso de diagnóstico
y que en la entrevista el entrevistador acumula información
y observa la conducta del entrevistado, tratando de inferir
su aptitud o incompetencia.
Aunque no somos partidarios de la entrevista
dirigida, en la que el entrevistador asume totalmente la
iniciativa y apela a un cuadro rígido de preguntas, creemos
sin embargo que el otro extremo del espectro, es decir la
situación totalmente inestructurada, tampoco es bueno. Nos
inclinamos por la entrevista no dirigida que, sin embargo,
tenga como base una cantidad mínima de preguntas o de aspectos
que necesariamente deban aclararse en el curso de la conversación.
5. Observaciones
que Pueden Realizarse
La entrevista es el elemento que permite
integrar toda la información que se posee de un candidato
y realizar una primera evaluación de su personalidad. Es
también la instancia indicada para apreciar la forma en
que el entrevistado establece la relación y su apariencia
física, que es importante para aquellos puestos que implican
relación con público u otras instancias externas a la empresa.
La información que se recoge, proviene
tanto de los hechos narrados por el entrevistado como de
las actitudes que adopta durante la entrevista. En este
segundo aspecto es donde la formación psicológica del entrevistador
se vuelve crítica.
A continuación ofrecemos y sólo con carácter
enunciativo, una lista de las observaciones que generalmente
se realizan en la entrevista.
-Apariencia física. Es importante
si el puesto contiene exigencias que se refieren al cuerpo,
como puede ser un aspecto agradable para un vendedor o un
físico que traduzca vigor, para tareas industriales pesadas.
Las demás inferencias, que comúnmente se hacen sobre la
personalidad del entrevistado a partir de los rasgos físicos,
resultan de una validez dudosa. No pretendemos quitarle
valor a la morfo-psicología, ni negar que los rasgos y expresiones
del rostro tienen que ver con la personalidad, pero sí puede
afirmarse que es difícil determinar a qué comportamientos
corresponden y por lo tanto peligroso formular un pronóstico
a partir de ellos.
-Forma de contacto social. Revelará si existe fluidez
en el contacto o, en el otro extremo, si se trata de alguien
con dificultad en el área de las relaciones interpersonales.
Esto será importante cuando el puesto implique ejercer influencia
sobre otros, como es el caso de un vendedor o un jefe.
-Modales, nivel cultural. Estos
elementos no son buenos ni malos en sí mismo, para el caso
de empleo, sino que, como en el caso de la apariencia física,
deben relacionarse con las exigencias del puesto.
-Forma de conceptualización. Revelará
la capacidad para transmitir información, condición muy
importante para los puestos que impliquen supervisión de
personas. También puede hacerse inferencias sobre la inteligencia
del entrevistado.
-Historia laboral. Podrá determinarse
la coherencia de la trayectoria, cuál ha sido el hilo conductor,
las motivaciones en los cambios de empleo, la recurrencia
de problemas, la estabilidad o falta de estabilidad en el
trabajo, la actitud predominante hacia éste, etc. La historia
laboral de un hombre dice mucho del mismo cuando se sabe
leer en ella, más allá de las limitaciones impuestas por
el estado de la economía y de las que surgen de la extracción
del entrevistado, de su especialización o falta de ella,
etc. Los hechos del pasado y la reacción del entrevistado
frente a ellos, nos muestran cuál ha sido su repertorio
de respuesta ante determinados estímulos.
-Equipos, condiciones de trabajo, naturaleza
de las tareas realizadas anteriormente. Estos datos,
pertenecientes a la historia laboral, constituyen un capítulo
especial por tratarse de elementos muy objetivos que nos
hablan de los puestos y condiciones con las que está familiarizado
el entrevistado y que pueden compararse fácilmente con los
trabajos que ofrece la empresa u organización.
-La formación formal. Su duración,
aprendizaje, formación profesional, naturaleza de los conocimientos
adquiridos y forma en que el entrevistado buscó actualizarlos.
-El proyecto hacia el futuro y la manera
de cómo se prepara para concretarlo. Esto, unido a su
historia anterior, dará idea del ordenamiento de sus fines,
del conocimiento que tiene de sus propias aptitudes y de
la forma de instrumentarlas.
-La situación familiar. No implica
inmiscuirse en la vida privada del entrevistado, sino tomar
de ella elementos que puedan ser importantes en relación
con el trabajo a ejecutar. Tal por ejemplo, el caso de una
función que imponga viajes frecuentes y por largos períodos.
6. Validez y Confiabilidad
Una cuestión crucial se presenta en el
proceso de selección con relación a estas dos condiciones
que determinan en definitiva la utilidad del instrumento
que estamos utilizando en el proceso. Cuando hablamos de
instrumentos nos referimos tanto a las entrevistas como
a los "tests" y como veremos, es distinto el comportamiento
de unos y otros frente a estas condiciones.
La validez se refiere a la posibilidad
de un instrumento para identificar y medir aquello que interesa
medir, es decir aquellos factores que fundamentalmente se
relacionan con el éxito de la tarea. Por ejemplo, para una
tarea que implique control de calidad no serán válidas observaciones
o pruebas que se refieran a la habilidad manual del sujeto
sino aquellas que se refieren, por ejemplo, a su agudeza
visual.
Una prueba de validez de un instrumento
se tiene cuando se hace el seguimiento de la conducta del
sujeto con posterioridad a su ingreso a la empresa. Se verá
entonces si el pronóstico que se realizó al ingreso es correcto,
en definitiva, si la herramienta utilizada era válida.
La confiabilidad, en cambio, se refiere
a la condición de un instrumento para medir con precisión.
No se refiere sólo a la posibilidad de identificar los factores
necesarios para el trabajo, sino de pronunciarse sobre sus
características. La confiabilidad se comprueba por el grado
de concordancia entre las apreciaciones formuladas sobre
un mismo sujeto por distintas personas, utilizando el mismo
instrumento.
El problema de validez se encara a partir
de una buena definición del puesto y la determinación de
las condiciones personales requeridas para desempeñarlo.
En cuanto a la confiabilidad, es un problema, de utilización
de criterios y es la zona de mayor debilidad de la entrevista.
No existe en realidad una solución definitiva para este
problema. Sin embargo podemos hacer algunas cosas que nos
lleven a índices de confiabilidad aceptables. Una, en la
que nunca se insistirá demasiado, es el entrenamiento de
los entrevistadores.
7. Lugar
Las posibilidades que brinda la entrevista
de proveer información relevante respecto de un candidato
pueden aprovecharse totalmente cuando el ámbito en que ocurre
el contacto favorece la comunicación. El ambiente físico
en que ocurre la entrevista condiciona, de alguna manera,
la riqueza de la información que se obtiene y más allá de
los objetivos del entrevistador, influye sobre la imagen
que el entrevistado se forma sobre la organización a la
que pretende ingresar.
Un lugar donde trabajan otras personas
además del entrevistador, donde el teléfono interfiere al
diálogo o donde ingresan y salen otras personas, aumenta
la intimidación, reticencia, desconfianza y todas las defensas
que conspiran contra la fluidez de la comunicación
8. Relación con
Otros Medios de Selección
La entrevista como instrumento para conocer
y evaluar a un candidato a empleo, tiene las limitaciones
que señalamos al hablar de su índice de confiabilidad.
Ocupa, sin embargo, un lugar privilegiado
en el proceso de selección en cuanto es un elemento que
permite integrar toda la información que posee de un sujeto.
Dado que no estamos aquí en el dominio de las ciencias
exactas, debemos aprovechar y utilizar con la mayor objetividad,
la información que surge de la historia del candidato,
de sus referencias laborales, del resultado de las pruebas
psicológicas y de las evaluaciones técnicas. La entrevista
integra toda esta información y le da forma final a la
evaluación que producimos sobre el individuo.