"Ernesto terminó de atender
al último cliente del banco y empezó a contar
el dinero de su caja. Se dio cuenta que le faltaba una importante
cantidad. A pesar de buscar y tratar de recordar dónde
se equivocó no logró encontrar nada.
Al otro día siguió buscando con la ayuda de
sus compañeros pero nuevamente sin resultados.
Dos días después el departamento de auditoria
del banco lo llamó para que se presentara a trabajar
en la casa central. Allí debió cumplir su
jornada laboral durante 2 días respondiendo interrogatorios
verbales y escritos. Además debió realizar
varios descargos por escrito. También lo dejaron
varias horas solo como para darle la oportunidad de pensar.
Al tercer día dos altos funcionarios del banco le
hicieron una propuesta: renunciar, con el compromiso de
la entidad de no informar acerca de su falla y dar buenas
referencias; o ser echado y enfrentar un juicio civil por
la pérdida del dinero. Le aseguraron que si tomaba
la segunda opción nunca más podría
conseguir trabajo en un banco.
Asustado y pensando en su futuro, renunció."
Ernesto no es la única persona que sufrió
este tipo de proceso de desvinculación. Es muy común
que las empresas recomienden a los empleados, renunciar
con la amenaza de dar malas referencias, o como en este
caso, iniciar una demanda judicial. Los empleados se asustan,
no consultan con nadie y renuncian. Esto es ni mas ni menos
que un despido encubierto con la ventaja para la empresa
de ahorrarse la indemnización.
Si Ernesto hubiera consultado con un abogado, sabría
que ningún empleado puede ser citado a declarar por
teléfono o verbalmente sin informarle formalmente
el motivo por el cual se le realiza un sumario. Tiene derecho
a consultar con un abogado y no aceptar el interrogatorio.
Nadie puede ser obligado a declarar en un juicio y menos
en una instancia entre particulares.
Ernesto no consultó en ningún momento a un
abogado porque pensaba que de esa forma tomaba una actitud
hostil hacia su empleador perjudicando así su posibilidad
de resolver el problema “por las buenas”. Ese
fue su error. Cuando se llega a esa instancia la relación
laboral está tan deteriorada que no puede sostenerse.
Al consultar con un abogado se abre la
posibilidad de conocer mejor sus derechos y enfrentar satisfactoriamente
la situación. Cuando una empresa comienza con ese
tipos de “aprietes” es evidente su deseo de
finalizar la relación laboral, la presencia de un
abogado no empeora una situación de por sí
límite, solamente da al empleado la posibilidad de
negociar mejor el desenlace.
Los bancos prefieren la renuncia del empleado porque el
juicio ocasionaría problemas, siendo muy difícil
recuperar el dinero. Perjudicaría al “buen
nombre y honor” del empleado, pero también
al banco ya que el conocimiento de que los propios empleados
roban o simplemente descuidan el dinero que se les da en
custodia es una muy mala publicidad.
Además generalmente cuando le falta dinero a un cajero
es por un error y no por un robo.
Lo mismo vale para cualquier otra empresa sea de servicios
o de productos.
¿ Qué tan buen control puede tener una empresa
sobre el producto que produce o vende si ni siquiera puede
controlar si sus empleados le roban o no ?
En cuanto a las referencias buenas o malas
que puedan darse es muy relativo. Las empresas no darán
a conocer a cualquiera que llame conocimiento sobre las
fallas en sus procesos que permiten errores o hurtos de
sus empleados. Muchas ni siquiera dan referencias.
Ernesto renunció ante la amenaza de un juicio improbable
y una promesa de malas referencias imposible.
En una situación de este tipo siempre debe consultarse
con un abogado, si es la boralista, mejor, por lo menos
telefónicamente. Su asesoramiento será vital
para evitar tomar una decisión apresurada y tal vez
equivocada. Una consulta de ese tipo normalmente no se cobra.
Y caso de llegarse a un juicio o mediación los honorarios
se pagan cuando finaliza la instancia judicial. Y en caso
de que el juicio sea favorable para el empleado los honorarios
los paga la otra parte, es decir el empleador.
www.contactoprofesional.com está
siempre disponible, un simple e-mail y nos pondremos en
contacto para poder ayudarlo a enfrentar este tipo de situaciones.
Una
historia con un final diferente.
Ernestina
era empleada administrativa en un colegio. Un día
fue citada fuera de su horario laboral. Cuando se
presentó sus empleadores le informaron que
varios padres habían presentado una nota quejándose
de ella. Luego le recomendaron, amigablemente, que
renunciara porque eso sería lo mejor para ella,
porque no podría resistir la presión
que los padres ejercerían sobre ella. Además
de que renunciando evitaría que se “manchara”
su legajo.
En lugar de ponerse a pensar sola, se comunicó
con un abogado quien la asesoró sobre sus derechos.
Luego la abogada habló por teléfono
con los empleadores de Ernestina y les explicó
que su clienta no iba a renunciar, a la vez que les
informó cuánto debían pagarle
de indemnización.
De esta manera los empleadores se enteran que Ernestina
conoce sus derechos y que está dispuesta a
defenderlos legalmente.
Finalmente Ernestina fue despedida, pero recibió
toda su indemnización.
Las historias de Ernesto y Ernestina tienen un comienzo
y un final igual: un “apriete” o una recomendación
amigable para que se renuncie, y finalmente la terminación
de la relación laboral.
Pero
hay una diferencia importante: Ernestina enfrenta
su búsqueda de un nuevo trabajo con la tranquilidad
de disponer de su indemnización y de poder
gestionar un seguro de desempleo.
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